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Akira Yamaoka: Cuando se ama el terror

“In my restless dreams,

I see that town,

Silent Hill

(…)

Well I’m alone there now…

In our “special place”…

Waiting for you…

Waiting for you to

come to see me.

But you never do”


Mi relación con el mundo de los videojuegos siempre ha sido estrecha, aun cuando mis habilidades en estos son prácticamente nulas, gracias a mis hermanos aprendí a relacionarme con ellos de forma diferente; presenciar sus sesiones de juego, sus discusiones y su interés me abrió los ojos a un nivel de apreciación distinto. Esto no se dio de manera inmediata, pero hoy puedo decir que una de mis partes menos favoritas de ese entonces ahora se perfila como una de las mejores enseñanzas que he recibido de parte del mundo gamer y de mis hermanos, esta es la música original de Silent Hill.



El juego propiedad de Konami se desarrolló inicialmente para las consolas de PlayStation, aunque en sus ediciones posteriores se lanzaría para PlayStation 2 y Xbox. La popularidad de Silent Hill no está en discusión, la franquicia es una de las más queridas por la comunidad gamer; la mezcla de terror japonés y escenarios occidentales le ganó rápidamente un público fiel entre aquellos que gustan de las historias interesantes y terroríficas. Pero no solo eso, gracias a la forma en la que todo el concepto fue puesto en marcha, propios y ajenos reconocemos en él un producto cultural realmente impactante.


Gran parte de todo el éxito del videojuego recae en un hombre: Akira Yamaoka. Diseñador de profesión y músico a partir de la auto enseñanza, entró a Konami en 1993 como compositor y para 1999 ya estaba presentado la partitura y el diseño de sonido de este juego que lo grabaría en la memoria de los aficionados al terror psicológico.


Parte del llamado Team Silent —un grupo pequeño responsable del desarrollo de este juego hasta su cuarta edición, a excepción del diseñador Keiichiro Toyama que renunció después de la primera entrega— Yamoka adquirió un fuerte compromiso con este proyecto que lo llevó a estar a cargo de la música y el sonido de Silent Hill hasta su séptimo volumen (incluyendo algunos proyectos relativos), aun cuando desde poco antes ya no se encontrara cómodo con las decisiones artísticas hechas por los nuevos desarrolladores. Tomando en cuenta este aspecto, me gustaría hablar solo de los cuatro primero videojuegos, mismos que componen la línea básica de la franquicia.



El trabajo de este compositor fue claro desde un inicio —así como supo de inmediato que solo él sería capaz de crear el sonido para esta historia— su inclinación por la experimentación lo llevó a apostar por una perspectiva distinta de lo que se había hecho hasta entonces en los juegos de terror/supervivencia. Empezando con ritmos industriales a los que incorporó sonidos metálicos y oxidados, disonancias, gritos, ladridos y ruido blanco; Yamaoka estructuró una serie de piezas que reflejan la complejidad del terror y que comienzan la caracterización del pueblo.



De entre las canciones que acompañaban la búsqueda de un padre por su hija en la primera entrega del juego se destacan las icónicas: “Silent Hill”, “Not Tomorrow”, “Tears of…”, “Killing Time”, “She” y “Otherside”. Mismas que contrastan, debido a sus sonidos metálicos y cavernosos, con la atmosfera más melancólica y liviana (casi religiosa) desarrollada por Yamaoka en Silent Hill 2, en el que la fragmentación de los recuerdos de James se musicaliza con las ya conocidas: “Theme of Laura”, “Promise”, “Forest”, “Null Moon”, “Angel Thanantos”, “Love Psalm” y “True”.



Durante estas dos primeras ediciones del juego, la música es tan buena que puede escucharse de manera independiente, sin embargo, las narrativas se imponen y persiste la sensación de que las piezas forman parte de una producción audiovisual que necesitamos conocer y comprender. Este sentimiento cercano a la confusión se disipa totalmente en los siguientes dos números de Silent Hill en los que Yamaoka demuestra que ha encontrado el equilibrio perfecto entre la ambientación y la creación de música que cualquiera puede escuchar y disfrutar.


Es necesario mencionar que para la tercera y cuarta entrega se incorporan las voces de Mary Elizabeth McGlynn y Joe Romersa en algunas canciones; siendo particularmente determinante McGlynn en el tercer volumen por ser quien le da voz a la joven protagonista, Heather, en la canción “You Are Not Here” para la que Yamaoka realizó un video musical. Este soundtrack tiene tintes más relacionados con el rock que dejan un poco de lado la melancolía para ir más en sintonía con la decisión y valentía de esta protagonista, como podemos escuchar en “Never Forgive Me Never Forget Me”, “Prayer”, “Lost Carol”, “Rain Of Brass Petals”, “I Want Love” y “Hometown” —variación del tema “Silent Hill” de la primera entrega con vocales de Joe Romersa, que de manera ingeniosa hace evidente la relación directa entre estas dos partes de la serie—.



Para Silent Hill 4: The Room, Yamaoka realiza arreglos que acentúan la persecución y acústica que el encierro y búsqueda emprendida por Henry Townshend suponen. No hay un género particularmente marcado, por lo que las piezas son tan variadas como: “Melancholy Requiem”, “Confinement”, “Cadle of Forest”, “Your Rain”, “Room Of Angel” o “Waiting For You”.


El trabajo de este compositor ha pasado a la historia por ser un producto atemporal, no solo por formar parte de una narrativa tan bien pensada y llevada a cabo, sino por presentar gran flexibilidad. Yamaoka evoluciona con el paso de los años, de los gráficos y de la historia misma, se adapta a los miedos y fortalezas de los protagonistas sin dejar de caracterizar al pueblo como motivo principal y quizá parte de los antagonistas. Igual que Silent Hill, Yamaoka nos demuestra la complejidad del terror, pues este no siempre se relacionan con aspectos reales, con monstruos que viven ajenos a nosotros hasta que los perturbamos, sino que la mayoría del tiempo tememos a lo que nos habita, las consecuencias de nuestros actos. El compositor perpetúa la visión del Team Silent afinando una experiencia cada vez más inmersiva, tomado el reto de volver adictivo el desagrado y el terror.




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